lunes, 5 de mayo de 2014

En horas de oficina (Soneto)



En horas de oficina...

Es un deseo irrefrenable y puro,
un recluso que a diario se amotina,
un animal que nada lo domina,
un embeleso, un mágico conjuro.

¿Será que sólo soy cabeciduro?
Pues desespero en horas de oficina
y ni el cigarro ni la cafeína
me pueden despojar de tal apuro

¿También siente tu cuerpo un fuerte sismo?
¿Igual lo quema una candente brasa?
¿Igual lo zarandea un cruel espasmo?

¿Te ocurrirá, te pasará lo mismo?
Un ansia loca por llegar a casa
para hacer el amor hasta el hartazgo.



La almohada (Soneto)


La almohada

Compañera nocturna, suave amiga,
recelosa guardiana de las horas,
confidente de arañas tejedoras,
baúl donde no cabe la fatiga.


Nube esponjosa, angelical barriga,
barquichuela de lunas pescadoras,
champaña que aletarga las auroras,
céfiro donde el alma es una espiga.


Haz que olvide el agobio, los enojos,
el diario trajinar y mis labores,
el estridente mundo y su desgreño.

Haz que corran ovejas por mis ojos,
que Morfeo me embriague con licores
y cual mujer desnuda abrace al sueño.





Mi amor es como un niño... (Soneto)


Mi amor es como un niño... 

Mi amor es como un niño sin sosiego...
Tú le das de comer con tu mirada,
de beber con tu risa acrisolada,
lo calmas con tus besos y su fuego.

Tú lo desnudas con total apego,
lo bañas con tu pelo, en su cascada,
lo resguardas con gracia acorazada,
lo aromas con tus manos y su espliego.

¡Cuánto requiere, pide tu cariño!
Tú impides que decaiga o que se enferme,
que escape con sus juegos y su bulla.

Bienamada, mi amor es como un niño,
sobre tus pechos, plácido se duerme,
tu corazón, al palpitar, lo arrulla.



miércoles, 2 de abril de 2014

Ante el golpe colérico del viento… (Verso blanco)


Ante el golpe colérico del viento…

Ante el golpe colérico del viento en la ventana, 
ante el humo porfiado de velas apagadas,
ante el ritual impío de nubes borrascosas,
ante el abrupto rapto de todos los arcanos,

quisiera a mi cabeza reposar en tu vientre,
quisiera que tus manos tuvieran el relámpago,
el haz de la centella, la candela del trueno,
para en mi cerrazón disipar la nostalgia.

Desearía enroscar tus cabellos de lirio
sobre las solitarias esfinges de mis ojos;
detener la salvaje expiación de las sombras.

Y no ver, no ver más, altilocuentes fieras,
estrellas azufradas, luciferinos sátrapas,
deshojando a tu imagen en suelos sin memoria.





Llega la noche, llueve y hace frío... (Soneto)


Llega la noche, llueve y hace frío...

Llega la noche, llueve y hace frío...
Sobre selvas de lóbrega espesura
se apagan las estrellas en la altura
como endebles guijarros en un río.

Apresuro mis pasos, amor mío,
entre sombras en mustia desventura
que gimen en el viento su amargura
con fiebre loca, con pujante brío.

Sé que en la casa, tengo la certeza,
estarás esperándome afligida
junto a toscos fantasmas inconfesos.

Al verme perderás toda tristeza.
Recobraré el pulso de la vida
sólo en la roja llama de tus besos.


Hay días... (Soneto)


Hay días...

Hay días en que somos tan pequeños...
Días en los que el cuerpo siente frío,
en los que sin razón se seca un río,
en los que escapan ávidos los sueños.


Hay días, turbios días de desgreños
en los que todo es páramo baldío,
en los que el corazón está vacío
y ni de nuestros pasos somos dueños.


Días en los que un cuervo nos devora,
en los que nos asfixia un mar interno
y un machete nos corta la cabeza.

Días en los que el mundo se desdora,
en los que el alma es un severo invierno
y una sombría amante es la tristeza.


No te alejes de mí... (Soneto)


No te alejes de mí...

No te alejes de mí ni un solo instante
que la luna envidiosa tiene celos
de tus ojos, lucidos terciopelos,
de tu mirar de fúlgido diamante.

Nunca te alejes que la noche avante
escudriña tu pecho y sus anhelos
cuando reímos como dos mozuelos
y el corazón termina jadeante.

Ay, las estrellas, viles y lacayas,
que ansían tus cabellos artesanos,
sus diademas que buscan tu blancura.

Ay, amor, no te alejes, no te vayas,
que mis manos requieren de tus manos,
que mis versos precisan tu hermosura.


En la noche sin fin... (Soneto)


En la noche sin fin...

En la noche sin fin de mi quebranto,
en la noche sin astros en el cielo,
cuando de mí se adueña un cruel desvelo
y las sombras me ciñen con espanto.

Soy más culpable por amarte tanto,
por sostener tu amor como consuelo,
por retener tu imagen con recelo,
por confundir la lluvia con mi llanto.

Cerca, cerca te siento… cual cianuro
tu recuerdo recorre mis entrañas
con espejismos de fugaz belleza

¡Ah, cuando un trueno alumbra el cuarto oscuro,
reparo ante mis propias artimañas:
sólo soy yo y mi sombra y mi tristeza!



Siempre quise ser un marinero... (Soneto)


Siempre quise ser un marinero... 

Yo siempre quise ser un marinero
pa’ navegar sobre las blancas olas,
tener luna y estrellas cual farolas
y al sol como un perrito perdiguero.

Siempre quise zarpar sin paradero,
dejando el rumbo a viejas perinolas,
guiado por un delfín en sus cabriolas
o por el viento libre y pendenciero.

Quise perderme entre la espesa bruma,
ir en busca de míticas sirenas
y al reino de Neptuno descender.

Quise escribir mis versos con la espuma,
impregnarme de sal hasta las venas…
¡Ah, siempre un marinero quise ser!


martes, 25 de marzo de 2014

¡Escribe, poeta, escribe! (Soneto)


¡Escribe, poeta, escribe!

No importa si es la noche más oscura
o si el día refulge cual arete,
si es con teclado, pluma o estilete,
si es con mente cabal o con locura.

Poco importa si el numen se apresura,
si es en la servilleta de un banquete,
si es en la parca hoja del retrete,
si es en grata o incómoda postura.

Otorga rienda suelta a las agallas.

Tórnate ducho, necio y aguerrido,
que tu alma se derrame de su aljibe.

Vana es la gloria, nimias las medallas.
El más grandioso honor es ser leído.
Solamente, poeta: ¡escribe... escribe!


Si sólo llamara... (Verso libre)


Si sólo llamara...

He tenido ganas de llamar a tu ventana
y esconder a mis palabras en el viento,
de tatuarlas en los labios de los astros,
de fundirlas dentro del follaje de la noche
y hacerlas llegar a ti, hasta ti,
hasta tu oído de caracola celeste
como el llanto de las ramas en vela,
como el gemido de la luna en celo,
como el lejano arrullo de los grillos.

Cruzando la lánguida desnudez de las horas,
cielos de piedra, mares afiebrados,
mis palomas han muerto errabundas
a la espera de una carta de tus ojos.
Soy el polvo que se acumula en el dintel,
el charco que se forma entre las baldosas,
el cobarde que se ahorca a despuntar el alba.

Si llamara, si sólo llamara…
¿Responderías? ¿Apagarías la luz?
¿Te cobijarías como un gato en la oscuridad?
¿Fingirías estar dormida,
empañando los cristales con tu aliento?


Hay algo en tu mirada... (Soneto)


Hay algo en tu mirada...

Hay algo en tu mirada que me obliga 
a entregarme en perenne ofrecimiento
como si fuera un huracán violento
que no deja en la tierra ni una espiga.

Un deseo, un anhelo que me instiga
a dar el cuerpo, el alma, el sentimiento,
todo en conjunto, todo en el momento
en que el amor nos une y nos abriga.

Algo… algo en tus ojos que me exige
arrancarte las ropas, una a una,
y desnudarme frente a tu mirada

Algo que me conduce, me dirige
a confirmar que no hay mejor fortuna
que estés conmigo y no me importe nada.


lunes, 24 de marzo de 2014

Sin inspiración (Soneto)


Sin inspiración

Se ha secado la tinta del tintero,
la mustia luna luce encaramada,
la noche con su fría dentellada
se esparce junto al viento lastimero.

Frente a la mesa soy un forastero,
se me entierra la pluma cual espada,
el papel me regresa la mirada
con el encono de un carabinero.

¿Por qué las letras huyen incoloras
y el numen tiene un paladar amargo?
¿Dónde fueron las musas, su ambrosía?

Al incansable paso de las horas 
más me adormece un lúgubre letargo….
¿Dónde estarás? ¿En dónde poesía?



Colección de haikus I

junto al fogón
abuela y gato duermen
se va otro día

pequeña charca
la luna se procura
tu oval espejo

cumbre en montaña
la mano del sol llega
e irgue el pinar


del gorrión muerto
ya ni las ramas secas
recuerdos tienen

castillo en playa
tu rey es el bufón
que al mar divierte




Entre todas las mujeres (Soneto)


Entre todas las mujeres

Entre todas las rosas del jardín 
con sus vahos, aromas y candores;
entre todos los múltiples fulgores
que tienen las estrellas del confín.

Entre todos los pasos y el trajín
de un millón de personas y clamores;
entre todos los rostros con rubores
y los labios pintados con carmín.

Entre todas las blusas y los pechos,
entre todas las piernas y las faldas,
y los cuerpos, las almas y los seres.

Teniendo los sentidos satisfechos
y el corazón ceñido de guirnaldas:
¡yo te elegí entre todas las mujeres!


martes, 11 de marzo de 2014

Salgamos esta tarde... (Soneto)


Salgamos esta tarde...

Salgamos esta tarde para el cine,
para la playa, el parque, el barrio chino…
Donde nos guíe el viento o el destino,
donde el deambular nos encamine.

Salgamos donde el mundo se aglutine,
bebamos en el bar cerveza y vino
o comamos un rico langostino
hasta que de su reino el sol decline.

Esperemos el manto de la noche,
tan sólo con los ánimos crecientes,
en la cumbre del viejo mirador.

Y en el asiento incómodo del coche
con el brío de dos adolescentes,
una vez y otra hagamos el amor.



Deporte extremo (Verso libre)


Deporte extremo

Me dicen que debo practicar un deporte extremo.
Dicen que debo experimentar la sensación
que se produce al lanzarse en paracaídas,
al escalar una montaña,
al descender un rápido en kayak
o al vestir de rojo en una encerrona.

Me dicen que debo practicar un deporte extremo.
Y sentir correr la adrenalina por las venas
y la vida pender del hilo de una araña.
Me dicen que es bueno para romper cadenas espirituales,
abrir puntos energéticos y algunas chorradas más.

Me dicen que aunque sea sólo una vez en la vida
debería hacerlo.
Y yo les digo que desde hace algunos años practico uno.
Que no requiero de casco ni de tanque de oxígeno
o de otros aditamentos sofisticados.
Que sólo necesito encender el ordenador,
acomodarme en mi viejo y raído sofá
y tener a la mano una taza de amargo café.

La poesía es un deporte extremo.
Al escribirla cualquier miedo se diluye,
la sensación del tiempo se esfuma
y también, entre otras cosas, se juega la vida.
Un poeta siempre se juega la vida
al querer plasmarlo todo sin ser nada.



Si la muerte llegara… (Soneto alejandrino)


Si la muerte llegara…

Si la muerte llegara a tocar en tu puerta
con su puño errabundo, desangelado y frío,
como de pronto cae en el alba el rocío
o se borran las huellas en la playa desierta.

Piensa que en otra vida esta vida despierta,
que mayor es la fuerza y mayor es el brío
con que fluyen las aguas de tan suntuoso río
para multiplicar el vergel de otra huerta.

No dejes que las lágrimas, el llanto y el sollozo,
asemejen a aves que, con sus alas rotas,
escapan de las ramas del árbol que se trunca.

No dejes que el dolor, la tristeza y su pozo,
tengan profundidades abismales e ignotas.
Y no digas adiós… adiós no digas nunca.



Lágrimas de inercia (Verso libre)


Lágrimas de inercia

Asidos a un prisma de caras romas
los ojos siempre envidian al fúlgido diamante.
Entonces qué mejor que cerrar los párpados,
que apaciguarlos como a un animal doméstico,
que encerrarlos con un candado de oro abroquelado
y echarlos hacia a la armónica rutina
de un mendigo que necio busca decoro
o dejarlos, resguardados y compungidos,
como la mórbida y parca pitanza
que tritura el pico de un estólido cuervo.

Sí, qué mejor que dejar crecer a las pestañas,
que dejarlas madurar poco a poco
y luego mostrarlas entre el pulgar y el índice
con la esperanza de juegos desesperanzados.
Qué mejor que acostumbrar a la pupila
a la cornucopia del momento, a la televisión accesible,
a la meretriz preñada de la esterilidad del mundo
y dejarla correr como una gran vaca
que pide gota a gota, desesperadamente,
que la leche brote de las castas piedras.

Sí, qué mejor... nada mejor que llorar por uno mismo.
Y derramar lágrimas de inercia
para la muerte siempre en movimiento.



Locura (Soneto)


Locura

Entre delirio y fiebre me debato,
del sueño a la vigilia, del sentido
a la inconsciencia, voy y vengo; trato
de no caer cual tábano rendido

a la tierra sin bravo pugilato.
Pero en mi entendimiento adormecido,
en un constante duelo y arrebato,
triunfan el tiempo, el polvo y el olvido.

Nieblas crispantes mis pupilas ciegan,
ninguna luz se filtra en el cortejo
de esta noche, mi noche más oscura.

Todas las aguas a mi mente anegan
si en ellas miro como en un espejo,
reflejarán la risa y la locura.



He muerto por amor... (Soneto)


He muerto por amor...

Vas a llenar mi copa con tu vino,
antes del viaje, de la gris partida,
antes de despojarme de la vida
en un gesto sarcástico y ladino.

Me enseñarás el hórrido camino,
el pórtico que muestra la salida,
iremos por la tierra envilecida
hacia un gravoso y último destino.

¡Ah, cenicienta muerte no me espantas!
Corta mi corazón y mi cabeza.
Empuña tu guadaña con acierto.

Que a pesar de pasar penurias tantas,
gritaré sin asomo de tristeza:
¡He muerto por amor… de amor he muerto!



martes, 25 de febrero de 2014

Eres como el desayuno (Verso libre)


Eres como el desayuno

Suena el despertador y salto como un gato.
Un gato que se despierta amodorrado
después de una noche de incesante cópula.

Por la diafanidad de la ventana
la luz entra de puntillas como un bandido.
El viento trae el bullicio de la ciudad
que brama como un toro sulfurado.
El día se abre paso entre los hombres
siendo un titán que blande su gran espada.

Amada, eres como el desayuno.
Tu cuerpo desnudo, medio cubierto por las sábanas,
nutre mi vida y alimenta mi existencia:
en tus ojos está el café que hierve,
en tus pechos las tostadas acarameladas,
en tu sexo el pan recién horneado.

Me visto, me cepillo los dientes,
me anudo la corbata, cojo el maletín.
Me despido con un beso alado
que, por cielos invisibles e imaginarios,
llega a morir como un ave en tu boca.

En esta época de vértigo y desgreño
donde la vida se mide en bits por segundo.
¡No hay nada mejor… nada mejor
que salir con el estómago vacío
y el corazón de felicidad lleno!


Nada queda, nada... (Soneto alejandrino)


Nada queda, nada...

Es después de este amor que nada, nada queda.
Nada del vendaval que sesgó con locura,
las sombras de la noche, los días de su albura,
cual rosas que se arrancan de una gran rosaleda.

Nada me queda, nada… Sólo giro en la rueda
de la tierra y sus montes, de la mar y su hondura,
de la tersa dureza, de la amarga dulzura,
del manto más opaco, de la más clara seda.

Tu luz se desvanece, volátil añoranza,
como un astro distante en sueños sumergido.
Pasan… pasan los días y, desde que partiste,

asfixio la razón, remato la esperanza,
expiro en el recuerdo, sucumbo en el olvido.
Y nada queda, nada… más que la vida triste.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Sin nosotros... (Verso libre)


Sin nosotros...

Sin nosotros la cama luce olvidada, 
estéril como una mancha núbil
desposada con las tercas sombras.
Luce olvidada sin la desnudez
expuesta en nuestra carne.
Sin ser tú Eva y estés tentándome
con una manzana en la mano.

Sin nosotros lucen las almohadas
pletóricas de polvo, hinchadas de años.
Piden el sudor remojando tus cabellos,
el peso de tu cabeza, el roce de tu nunca,
en el paroxismo de la noche vibrante.

Las sábanas exigen la concurrencia
de nuestros cuerpos unidos,
sus brillos cobrizos entre sus blancas olas.
El diálogo íntimo de nuestros besos
con su fuego venturoso, segundo a segundo.

De verdad es una lástima 
que la cama, las almohadas y las sábanas no tengan ojos…
Para vernos retozar de lo lindo en la cocina.



Pesadillas (Soneto)


Pesadillas

Gimo, gimo en silencio, sofocado,
un sudor frío corre por mi frente,
lobos hambrientos comen de mi mente
y a mi cuerpo lo dejan mutilado.

Por un infierno, por un negro hado,
mi espíritu camina lentamente,
fieros demonios blanden su tridente
y lo derrumban a un acantilado.

Se convierte en un féretro la cama;
la despiadada muerte está al acecho,
llevándome del mundo y sus orillas.

Pero tu voz, tu dulce voz me llama…
Me despierto, me acercas a tu pecho,
alejas con tu amor mis pesadillas.

Si quieres corazón saltar... (Soneto)


Si quieres corazón saltar...

Si quieres corazón saltar del pecho
y asfixiarte en la mar de un simple vaso,
o extraviarte en la sombra del ocaso,
o quebrarte cual trigo en el barbecho.

¡Anda, vé, estás en todo tu derecho!
Nadie detiene tu armonioso paso,
alza tus alas, cósmico Pegaso,
siéntete libre y acomete arrecho.

Mañana, cuando vuelvas a la Tierra, 
sacúdete la pena, los despojos,
no te vuelvas arisco, un vil canalla.

Recuerda que el amor es una guerra.
Ah, buen soldado, entorna bien los ojos
¡Vencerás en la próxima batalla!


martes, 21 de enero de 2014

Soñó la mar... (Soneto)


Soñó la mar...

Soñó la mar tu nombre en las arenas,
escrito por el ángel del deseo,
soñó tu corazón, su ronroneo,
siendo el canto de pícaras sirenas.

Soñó tus piernas largas y morenas
como un gran barco en ebrio bamboleo,
soñó su blanca brisa, su siseo,
sobre la sal desnuda de tus venas.

Soñó que me encontrabas en la bruma,
con mi cuerpo volviéndose una roca,
náufrago por mayúsculos delitos.

Soñó que me tendías en la espuma
y ponías tu boca entre mi boca
en besos de oleajes infinitos.



A tutti frutti (Soneto)


A tutti frutti

Sabor tienen tus ojos a avellana,
tus dos labios a cárdenas frambuesas,
sobre los pechos sabes a cerezas,
entre los tibios muslos a manzana.

Sabes como la miel de la Toscana,
todo con tu dulzura lo embelesas,
sabe tu cuerpo a chantillí con fresas
entre tiernas rodajas de banana.

Tus caricias me saben como a coco,
tu mirada a la pulpa de una piña,
tus besos al durazno y su frescor.

Ah, cuando te desnudas y te toco,
de nuevo lo confirmo, hermosa niña:
¡a tutti frutti sabe nuestro amor!